CALAVERA A LOS DE 3DV
Estaban los de 3DV
Esperando en la dirección
Cuando la calaca vino
Reprobando a todo el salón
Todos muy tristes estaban
Por el 5 es su calificación
Hacían lo que les mandaban
Para ya no llamarles la atención
Vieron al profe Juanito
Andando en camisón
Los de 3DV se hicieron sus amiguitos
Y la calaca a todos paso de un jalón
Entonces los de 3DV
Le invitaron un taco al pastor
La calaca se despidió tomando vino
Y bailando con el director
Autores
Mitzi Clara Yareli Cid
Román
Guadalupe Reyes Balderas
Osbaldo Padua Peralta
"3DV"
POEMA
“LA PUESTA DE SOL”
Me ilusiona escuchar tu voz,
Pero el tiempo pasa lento
Y en mi crece un sentimiento
Que desarma mi corazón
En cada puesta de sol recuerdo
Ese dulce aroma que me atrapo
Cuando te vi por primera vez,
El tiempo se detuvo en mi reloj
Y como el viento que arroja
Un abanico, frío y estremecedor
Mi corazón se congeló
Esa fue la primera y quizás
La última vez que te veré
Y mi corazón sienta algo por vos.
Autoras
Beristaín Martínez Vanessa
Carreón Carrera Patricia Guadalupe
Reyes Balderas Guadalupe
Valencia Flores Verónica Yazmin
"3DV"
POEMA
Tenerte es como un regalo,
algo demasiado inesperado,
tengo que saber cuidarlo
pues gracias a el algo nuevo a
llegado
Cuando me mira pierdo el control,
él se robó mi corazón
hay veces que ya ni puedo hablar
español,
porque él me deja sin respiración
Yo siempre te sabré escuchar
pues sabes que eres mi prioridad
y más que nada mi necesidad,
ven conmigo y vamos juntos a soñar
Formemos juntos un camino
y luchemos por nuestro amor
yo sé que nuestro destino
es fundir nuestro amor.
AUTORES
Galilea Campos Carvajal
Mitzi Clara Yareli Cid Román
Andres Beristain Reynoso
3DV
Dúo poético
Integrantes:
Kathya Aguilar Vera
Jesús Uriel Berra Pantaleón
Guadalupe Reyes Balderas
3DV
RAFAEL DE LEÓN
PENA Y ALEGRÍA DEL AMOR
Mira cómo se me pone
la piel cuando te recuerdo.
Por la garganta me sube
un río de sangre fresco
de la herida que atraviesa
de parte a parte mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos
y cuchillos en los dedos
y en mi sien una corona
hecha de alfileres negros.
Mira cómo se me pone
la piel cada vez que me acuerdo
que soy un hombre casado
y sin embargo, te quiero.
Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio,
de ortigas y de chumberas,
de cal, de arena, de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo
que anda rondando la llave
que guarda nuestro secreto.
¡Y yo sé bien que me quieres!
¡Y tú sabes que te quiero!
Y lo sabemos los dos
y nadie puede saberlo.
¡Ay, pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!
¡Ay, qué alegría, alegría,
quererte como te quiero!
Cuando por la noche a solas
me quedo con tu recuerdo
derribaría la pared
que separa nuestro sueño,
rompería con mis manos
de tu cancela los hierros,
con tal de verme a tu vera,
tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento.
Y luego, qué se me daba
quedarme en tus brazos muerto.
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!
Nuestro amor es agonía,
luto, angustia, llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida,
luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
y seguir viviendo luego
con una espada de punta
siempre pendiente del techo.
Salgo de mi casa al campo
sólo con tu pensamiento,
para acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un domingo
cuando venías del pueblo
y que no te he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo.
Y lo estrujo entre mis manos
lo mismo que un limón nuevo,
y miro tus iniciales
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo.
Ayer, en la Plaza Nueva,
vida, no vuelvas a hacerlo
te vi besar a mi niño,
a mi niño
el más
pequeño,
y cómo
lo besarías
¡ay, Virgen de los Remedios!
que fue la primera vez
que a mí
me distes un beso.
Llegué
corriendo a mi casa,
alcé mi niño del suelo
y sin que nadie me viera,
como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu beso.
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!
Mira, pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío
lo pisoteen por el suelo,
y aunque la tierra se abra
y aun cuando lo sepa el pueblo
y ponga nuestra bandera
de amor a los cuatro vientos,
sígueme queriendo así,
tormento de mis tormentos.
¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!
Muy buenos poemas
ResponderEliminarMuy buenos poemas, excelente trabajo
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